El miedo más perfecto, sí.

Es… El miedo que no existe en realidad, porque no hay motivos que lo provoquen. Ni consecuencias que hagan temer. Aparentemente.

El miedo que consume pero no avisa.

Que aprieta pero no logra salir.

Que existe pero no se manifiesta.

Que no tiene sentido pero parece que busca resultado.

Que no tiene significado pero es determinante.

Y asfixia.

Que no termina hasta que acaba. Con todo. O con nada.

Que engaña pero no explica. Porque engaña a uno mismo.

Que duele. Que duele y decide. Y guía.

Que consume. Que influencia. Que malinfluencia.

Es el miedo más perfecto… El miedo a sentir. Y el miedo a perder sintiendo.