Quiérete

Si no somos suficientes para nosotros mismos, a qué podemos aspirar. Qué cabe esperar si cada pequeño fallo cuenta como decepción atroz que cae como jarro de agua fría. Un jarro que da igual que esté vacío, la mente traicionera de quien se defiende sólamente ante los demás, se vence fácilmente con el agua inexistente del vaso medio vacío.
Quiérete más de puertas para fuera, que ya notan que algo chirría.
O si no, adelante, escoje una fachada tan externa, tan poco interna, tan mentira como tu verdad, tan verdadera como tu sueño ligero. Una que resulte tan fácil de derribar que baste con cambiar de minuto. O de segundo. Que baste con el desequilibrio de una vaga mañana para caer.

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